La ONGD SED (Solidaridad, Educación y Desarrollo: www.sed-ongd.org ) decidió comenzar un nuevo Campo de Trabajo-Misión en estas comunidades del oriente boliviano y ¡allá que nos fuimos!
Su principal medio de vida es el campo: madera, agricultura,… y cuentan con luz eléctrica desde hace poco más de un año. Las tareas de la casa suelen ser desempeñadas por las mujeres que muy pronto son ayudadas por sus hijas - en algunos casos no llegan a alcanzar ni siquiera los diez años-.
La educación tiene una importancia relativa, primero hay que cubrir las necesidades familiares y si eso supone sacrificar la educación de algún hijo… El alcohol es el centro de toda celebración y la causa principal de la violencia y la desestabilización familiar.
Las actividades que hemos llevado a cabo se han realizado en función de las necesidades de cada comunidad algunas de ellas han sido:
- Refuerzo escolar y talleres infantiles
- Clases de informática
- Charlas de higiene y medioambiente
- Alfabetización de adultos
- Equipo de baloncesto femenino
- Charlas a jóvenes sobre autoestima, vocacionales.
Hemos convivido cada día con una familia distinta, compartiendo con ellos los momentos de la comida, sus miedos, sus ilusiones, sus inquietudes… Nos han abierto las puertas sin conocernos de nada y nos hemos sentido como en casa.
Son gente sencilla que te dan lo mejor que tienen, lo mejor de sí. Uno de ellos, el líder espiritual de Ramada me dijo un día: “Yo soy pobre, pero tengo el corazón grande”. Y es verdad. Suena a tópico, pero es verdad que lo que me traigo de mi experiencia en Bolivia es mucho más de lo que haya podido dejar en aquellas personas.
Conviviendo con ellos he aprendido el verdadero valor de las relaciones humanas tan perdido por aquí, el relacionarte sin esperar nada a cambio, ayudarnos entre nosotros simplemente porque somos personas. Sin duda es lo que más valoro de esta experiencia, la verdadera felicidad que he descubierto aquí, estas personas que he tenido la suerte de conocer, las sonrisas de esos niños, sus vidas… derrochan una felicidad distinta a la que nosotros entendemos. Sin prejuicios, sin desconfiar por sistema.
Ahora sólo me quedan palabras de agradecimiento y muchas ganas de volver.”
Resulta extraño pensar que nosotros nos consideremos el Primer Mundo mientras que a ellos los llamamos el Tercero, cuando en las cosas verdaderamente importantes vemos que nos dan mil vueltas.
¿Qué puedo hacer yo desde mi mundo, desde la realidad que me ha tocado vivir?
Desgraciadamente estas personas no son las únicas necesitadas en el mundo, ni Bolivia el único país que pide a gritos una mirada compasiva desde nuestra sociedad y muchas manos que trabajen unidas desde la esperanza.




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